sábado, 27 de marzo de 2010

II. "... PERO HABERLAS HAYLAS" (LAS DE MIRAFLORES)

Brujas marchosas estas, a las que gustaba bajarse a Torrelaguna en compañía de demonios y montadas en machos cabríos, beberse en sus bodegas dos o tres tinajas de vino bailando al son de los tambores. Recoger hierbas y preparar ungüentos, hacer hechizos y atemorizar a la población, caminar desnudas o con los pechos al aire por la sierra.

Todo esto está recogido en el proceso que se siguió en 1644 contra María Manzanares y Ana Nieva, brujas de Miraflores de la Sierra que tuvieron suerte de que la Inquisición estaba más entretenida en judaizantes, protestantes y moriscos, siendo los castigos para la brujería en general más leves, como el embargo de bienes y el destierro de la población.

Ampliación de 11/4/2010:
He encontrado otro proceso a una bruja de Manzanares el Real, Isabel de la Maza, que guarda relación con este, pues en dicho juicio dijo haber aprendido el oficio de invocar al diablo de María Manzanares, la de Miraflores, diecisiete años antes.
Al final del proceso el tribunal acusó a Isabel de "sacrílega, hechicera, supersticiosa, embustera, idólatra, inducisiva del mismo error y con señales claras de tener pacto explícito con el demonio y sospechosa de apostasía con la iglesia".
Fue castigada con la pena de cárcel y el "embargo de bienes en casa y cosechas".

domingo, 21 de marzo de 2010

OVIEDO MANDA PROCURADORES A LAS CORTES DE TORDELAGUNA DE 1485


La ciudad de Oviedo conserva copia de CÉDULA REAL, remitida por la Real Chancillería de Valladolid, en las que se mandaba al Principado de Asturias y a la ciudad de Oviedo, que nombrasen según costumbre, procuradores que fuesen a las CORTES DE TORDELAGUNA. Con fecha 13/11/1485.

domingo, 14 de marzo de 2010

"DIES IRAE"


"...y el mariscal Hugo nos abrasó, buscando al Empecinado, ni murallas quedaron"

"...el pueblo entero de Madrid se había arrojado a las calles en un levantamiento repentino, inesperado y devastador. Luego fue el furor y el estruendo, la turvamulta y el caos de las convulsiones colectivas. Cargaban los mamelucos, cargaban los coraceros, cargaban los guardias polacos sobre una multitud que respondía al arma blanca, con aquellas mujeres, aquellos hombres que se arimaban a los caballos para cortarles los ijares a navajazos. Reinaba, en todo Madrid, la atmósfera de los grandes cataclismos, de las revoluciones telúricas en un inmenso clamor de "Dies Irae"..., luego vino la noche."
(Alejo Carpentier, "El siglo de las luces")