sábado, 29 de julio de 2017

DIEGO, LA COFRADÍA DE SAN ISIDRO Y LOS APACHES


" Y es más fácil, ¡oh España!, en muchos modos,
que lo que a todos quitaste sola,
te pueden a tí sola quitar todos."
(Francisco de Quevedo, 1580/1645).

Para escribir una novela o rodar una película la vida de DIEGO DE VARGAS ZAPATA (1643/1704), madrileño, casado con la torrelagunense Beatriz de Pimentel. Fundador y primer alcalde de la Cofradía de San Isidro en Torrelaguna, donde residían hasta que por su cargo Capitán de los Reales Ejércitos, tuvo que partir a la conquista y pacificación de Nuevo México (Estados Unidos).
Está considerado como el último conquistador a la antigua usanza. Habiendo los indios PUEBLO en 1680, expulsado tras una rebelión a los españoles de Santa Fe hasta El Paso, tras doce años de esta situación se le encomienda en 1692, recuperar la ciudad y el territorio, lo que consigue tras una serie de escaramuzas y pactos con los indios que le valieron el ser nombrado Capitán General y Gobernador de Nuevo México y que se conmemoran cada año en la ciudad de Santa Fe, en los USA, donde tiene estatua. Carlos de Sigüenza y Góngora, sobrino del poeta Luis de Góngora publicó en ese mismo año sus hazañas en la reconquista de Nuevo México.
Trajo nuevos colonos a Santa Fe desarrollándola como centro comercial y fundando nuevos pueblos. A Diego se debe la consolidación y expansión de los territorios españoles hacia Colorado y Arizona. En 1694 fue el primer europeo que entra en una expedición en el Valle de San Luis y cazan quinientos bisontes.
Pacificadas las tribus PUEBLO, empiezan aparecer por la zona otros indios nómadas y guerreros, comanches, utes, apaches, quizá también empujados por la incipiente penetración iglesa y francesa por el este y norte, que saqueaban las aldeas y tribus pacificadas. Así en 1704, en una campaña contra los apaches que estaban atacando a las poblaciones establecidas a lo largo del valle de Rio Grande, Diego enferma y muere repentinamente, "...puede afirmarse que murió en el campo de combate, herido de un extraño mal, montando infatigablemente en su caballo. Así pasó los últimos días de su vida inquieta." (Crónicas de la época).
Sus hijos tras su partida a América, quedaron en Torrelaguna con su madre falleciendo esta al año de partir Diego y quedando bajo la custodia de su tío, hermano de la madre, el mayor Juan Manuel fue a visitarle a Méjico en 1699 y volviendo a España en 1702 murió, Alonso tambien fue y quedó por Méjico. Allí Diego también tuvo descendencia, otros cuatro hijos con una india, de los que existe documentación y lo que les dejó su padre, casas y pertenencias en Méjico. En Torrelaguna quedaron sus hijas y la mayor Isabel de Vargas Pimentel heredó el marquesado de las Navas de Barcinas, que la corona como premio entregó a su padre.
Existen numerosísimas cartas que los escribía desde Méjico a los hijos en Torrelaguna. También su nieto Diego José López y Vargas residió murió y fue enterrado en el convento franciscano de Torrelaguna.
*Foto de estatua de Diego de Vargas en Santa Fe-Estados Unidos

NUEVO MÉXICO: GUERRAS INDIAS-DRAGONES DE CUERA


En el libro "BANDERAS LEJANAS: La exploración, conquista y defensa por España del territorio de los actuales Estados Unidos" de Fernando Martinez Lainez y Carlos Canales Torres, así relatan la reconquista de Nuevo México por el paisano Diego de Vargas Zapata:
Tras su victoria, las seis tribus PUEBLO que se habían unido a la rebelión podían haber gobernado de forma unida el país e incluso haber hecho de SANTA FE la sede de un gobierno estable, pero no fueron capaces...,cada primavera y otoño las tropas virreinales realizaban una campaña de incursiones en su territorio, además de soportar las depredaciones y ataques de apaches y navajos.
En julio de 1692, Diego de Vargas recibió la orden de reconquistar Nuevo Mexico para la Corona de España. Muy quebrantados tras doce años de ataques e incursiones constantes, los PUEBLO apenas opusieron resistencia. VARGAS que contaba con el apoyo de varias tribus, en especial los PIROS, ofreció la paz a los rebeldes a cambio de reconocer al rey de España, prestarle obediencia y volver a la fe católica. Los líderes indios aceptaron todas las propuestas del gobernador y el 14 de septiembre de 1692, en un acto formal celebrado en Santa Fe, volvieron a someterse...
Nuevo Mexico era de nuevo español, pero no se reinstauró el sistema de encomiendas, se reconocieron formalmente los derechos de la nación PUEBLO y se toleró la práctica de la vieja religión. Las consecuencias siguen visibles aún en el sudoeste de Estados Unidos, donde los PUEBLO mantienen intacto una gran parte de sus tradiciones y cultura, sistema de gobierno, idioma, arte y ceremonias, algo excepcional entre los indios de Norteamérica.
Durante este periódo los jinetes españoles habían abandonado las pesadas corazas metálicas y cotas de malla y se remplazaron por cotas de cuero endurecido, menos pesadas pero capaces de resistir el impacto de las flechas enemigas; también los cascos de hierro fueron remplazados por sombreros de ala ancha.
Así mismo, las tropas que debían custodiar la red de fuertes de la frontera fueron dotadas de varios caballos con los que poder mantener una campaña que durase semanas o meses, y de mulas en las que transportar todo el material necesario para efectuar incursiones en profundidad contra las tribus hostiles. Todo ello configuró un nuevo tipo de soldados que en las décadas siguientes iba a representar ante los indios y colonos la imagen de los soldados del rey. Habían nacido los dragones de cuera.

martes, 25 de julio de 2017

TERCERA GUERRA CARLISTA, SUPRESIÓN DE LA PARADA DE SEMENTALES



     De tiempo antiguo debía tener Torrelaguna derecho a una Parada de Sementales pues ya Fernando VI (1713-1759), incluye entre sus Reales Cédulas la inspección de Paradas regulando el denominado Servicio de Paradas Caballares y Mulares.
     Durante la Tercera Guerra Carlista (1872-1876), por Real Orden de fecha 11 de febrero de 1875:

   "...se ha servido aprobar la distribución de caballos sementales en las paradas provisionales que deben establecerse en la próxima temporada de cubricion de yeguas; debiendo suprimirse las de Torrelaguna, Puente del Arzobispo e Infantes, en atención a las circunstancias por que el país atraviesa y estar expuestas a ser presa de los carlistas..."

   La Parada de Sementales de Torrelaguna funciono hasta mediados de los años 80 del siglo XX, yo la conocí en dos ubicaciones diferentes, la actual Casa de la Cultura y después los terrenos en los que está ahora la Piscina Municipal. Era un servicio que se ocupaba de prestar el ejército durante tres o cuatro meses de primavera, trayendo varios sementales de caballos y burros de pura raza para cubrir yeguas y burras a particulares de toda la comarca.

domingo, 16 de julio de 2017

SANTORCAZ

Castillo de Santorcaz, foto de Pedro Ma Vargas Arévalo

    Fernando Rodriguez de Covarrubias, Arzobispo de Toledo de 1276 a 1280, dirige desde Torrelaguna el 19 de diciembre de 1277, tiempos de Alfonso X "El Sabio", la CARTA DE FUEROS que da a sus vasallos de Santorcaz (el nombre del pueblo deriva de San Torcat, en honor de Torcuato de Acci, el primero de los siete varones apostólicos enviados por Roma, en el siglo I, para evangelizar a España).


   En el Castillo de Santorcaz sufrió cárcel durante siete años el torrelagunense Cardenal Cisneros:

   Extracto del libro CISNEROS. UN CARDENAL ENTRE DIOS Y EL REY. Carlos Navarro y Rodrigo. Guadarramistas Editorial  "...una gracia obtuvo al retirarse de Roma, que fue origen para él de hondas amarguras y grandes persecuciones. Le otorgó el papa un breve, en virtud del cual debía dársele posesión del primer beneficio que vacase en la diócesis de Toledo. El uso de estos tiempos, dice Flechier, había introducido esta suerte de provisiones, llamadas bulas o gracias expectativas; pero contra ellas protestaban los obispos porque las suponían, y no sin razón, una mutilación de sus derechos y un ataque a su autoridad. Así es que cuando Cisneros quiso ocupar, apoyado en el breve pontificio, el arciprestazgo de Uceda, vacante en 1473 por muerte del que lo poseía, se encontró con que D. Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, había provisto dicho beneficio en uno de sus limosneros, y al tener noticia este prelado de la resistencia que opuso Cisneros a ser desposeído, resolvió usar con él de gran severidad, mandándole prender y haciéndole encerrar en la torre del mismo Uceda, esperando conseguir por este medio que renunciara a su beneficio. No se dobló Cisneros con la persecución, antes, por el contrario, manifestó aquella entereza de carácter que tanto crédito le había de dar más tarde como ministro y como prelado, puesta al servicio de causas más justas y desinteresadas, por lo cual aumentó la saña de Carrillo, que le hizo trasladar a más dura prisión, a la torre de Santorcaz, que entonces era la cárcel de los clérigos viciosos y rebeldes de la diócesis.
Durante los siete años que sufrió de cautiverio, Cisneros estuvo completamente entregado a la oración y al estudio, logrando su libertad, bien porque el arzobispo se rindiera a tanta firmeza, o se cansara de perseguirle, bien porque cediese a los ruegos de su sobrina la condesa de Buendía. No quiso, sin embargo, Cisneros seguir bajo la jurisdicción de un prelado que tan severo y hasta cruel se le había manifestado, por lo cual permutó su beneficio con la capellanía mayor de la iglesia catedral de Sigüenza, a cuya cabeza estaba entonces el justamente célebre cardenal Mendoza."
    En este castillo también fueron encarcelados otros personajes ilustres como la Princesa de Éboli y Charles Watteville de Joux, embajador de España ante Inglaterra en tiempos de Felipe IV,  por un incidente en Londres con la delegación francesa en la que hubo varios muertos y heridos saliendo victoriosa la parte española y por lo que el rey francés Luis XIV expulsó al embajador español en París y amenazó de guerra a España si no se depuraban responsabilidades. Charles tuvo que volver a España y fue encarcelado durante cuatro años en Santorcaz, de él dijo el primer ministro inglés Lord Clarendon:

 "Wateville era un hombre rudo, que parecía del campo, pero que realmente conocía las intrigas de la corte mejor que la mayoría de los españoles, y, excepto cuando su pasión lo sorprendió, fue cauteloso y astuto en sus negociaciones".